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Cabeza del rey Don Pedro
Nos cuenta una de las
múltiples leyendas protagonizadas por el rey Don Pedro I, que en un
recorrido nocturno por la ciudad, según algunos, motivado por un lío de
faldas, descargó su ira con el hijo del Conde de Niebla, con el cual se
batió hiriéndole de muerte, ya que este era partidario del hermano
bastardo del rey para que ocupara el trono. El batir de las armas despertó
la curiosidad de una anciana, vecina de la calle donde ocurría la acción.
Al alumbrar con el candil observó al protagonista, que se destacaba por
ser blanco, rubio, ceceaba al hablar y les sonaban las rodillas al
andar.
Estos rasgos eran conocidos en la
ciudad, por lo que no dejaban dudas. La anciana, ante el estupor de lo
visto se apresuró a cerrar la ventana cayendo el candil a la calle junto
el cadáver, lo que motivó que las autoridades la llevaran a la presencia
del rey, que en acción de justicia prometida a los Guzmanes, familiares
del fallecido, les dejó claro que cortaría la cabeza al malhechor y la
expondría públicamente. Ante las preguntas hechas en interrogatorio a la
anciana, aunque era reacia a contar lo sucedido por aludir al rey, terminó
confesando lo que presenció, y cuando llegó la pregunta de que dijera su
nombre contestó "El Rey". El asunto se liquidó cortando la cabeza a una
estatua del rey, que fue expuesta públicamente tal como se prometió. La
cabeza estuvo depositada en una hornacina que actualmente existe en la
denominada desde entonces calle de Cabeza del Rey Don Pedro. Así mismo la
calle cercana donde tuvieron protagonismo los hechos recibió el nombre de
Candilejo, en recuerdo al candil que propició el encuentro de un testigo
para aclaración del desenlace.
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